La cultura del agua

El hecho de que a Valmojado se le conociese como el Villar de Quinque Fontes en el siglo XIII es un referente a la presencia de agua en el subsuelo de esta localidad desde largo tiempo. Actualmente pueden encontrarse cinco caños o fuentes asociados a viajes de agua subterráneos de hasta un kilómetro de longitud. No es descabellado pensar que en origen también existiesen cinco aprovechamientos de agua que condicionasen la presencia de población en sus inmediaciones. Incluso antes que a la población, pudo condicionar que fuese un lugar de tránsito y paso para los desplazamientos ganaderos.

El Caño Fresco, el Caño de la Teja, el Caño Indiano, el Caño de la Salud y el Caño de Méntrida son los nombres de las salidas al exterior o fuentes de estos viajes de agua que a día de hoy aún pueden encontrarse en el municipio toledano. En la actualidad, prácticamente ninguno se encuentra en su primer emplazamiento, pero continúan siendo la salida de las aguas subterráneas al exterior. A pesar de que el caño más antiguo se feche en el siglo XVIII, los caminos de agua parecen constatar que su origen es anterior.

Su situación como lugar de paso hacía necesario que se buscasen puntos de aprovechamiento de agua, incluso antes de la existencia de la Cañada Real Segoviana. El origen puede remontarse con probabilidad a la Edad Media. Posiblemente en esta época el agua manase del subsuelo. Se podría pensar que el hecho de que Valmojado se conociese en un principio como la villa de las cinco fuentes puede hacer referencia a la existencia ya en aquel momento cinco manantiales, zonas en las que brotaba el agua. Un punto en el que existe agua es un lugar idóneo para establecer un asentamiento, por lo tanto, cabe pensar que este sea el origen del primer reducto poblacional de lo que siglos después sería Valmojado.

El manantial debió ser insuficiente con el crecimiento paulatino del asentamiento, sumado al aprovechamiento ganadero de la trashumancia. El desgaste haría necesaria la construcción de una infraestructura que abasteciese de agua a sus habitantes y transeúntes, ampliando y redirigiendo el caudal subterráneo. La constante necesidad de agua y el prácticamente imparable crecimiento poblacional debió obligar a ampliar el camino de agua, incluso a construir más en las inmediaciones.

Para construirlo primero era necesario excavar buscando el acuífero tan profundo como fuese necesario, en estos casos, en torno a unos 200 metros o más, dependiendo del caño. A esta profundidad y por este trazo discurriría el camino del agua hasta su salida al exterior.

En algunos casos se construye la infraestructura para albergarlo, una galería abovedada en ladrillo y suelo enlosado, comunicando el canal con el exterior a través de zarceras o pozos en varios puntos del recorrido para facilitar el acceso. A lo largo de los siglos se fueron modificando y ampliando. Las diferencias constructivas y de material quedan como testigo de ello. En otros, sólo se emplearon las arenas del subsuelo para disponer una galería compacta. Sin embargo, en estos últimos, han desaparecido parte de ellas por la carencia de refuerzos constructivos. Actualmente los tramos derruidos son prácticamente irrecuperables.

El paso del tiempo también afectó a su ubicación y uso, algunos de los más periféricos fueron trasladados para el aprovechamiento de sus habitantes (tal es el caso del más antiguo, el Caño Fresco) y se desvincularon con el uso original de aprovechamiento ganadero.

A través de este recorrido histórico sobre el patrimonio del agua de Valmojado se certifica que es precisamente este bien natural el que da origen a la localidad toledana. Tan importante es el agua que Valmojado ha desarrollado su propio patrimonio y su propia cultura en torno a este bien, no sólo con los cinco caños que pueden encontrarse en sus plazas, calles y parques, sino también en todos el patrimonio etnográfico de uso cotidiano.

Antes de que el agua corriente llegase a los hogares, los valmojadeños, como en tantos otros lugares, se veían obligados a recoger el agua en cántaros y guardarlo en bidones. La huella de estos cántaros todavía puede encontrarse en las cequias algunos de los caños. Las tablas de lavar y los cestos para la ropa son otros objetos ligados a la cultura del agua, pues eran los caños los lugares para lavar la ropa. Tanto así, que estos espacios eran puntos de encuentro y relaciones sociales de las mujeres antaño cuando iban a realizar estas labores domésticas.

Aunque hoy han perdido su uso original de abastecimiento, este patrimonio continúa siendo una huella del pasado imprescindible para entender la Historia local. Tanto los caños como los objetos y las fotografías siguen siendo testigo de este pasado no tan remoto. Recuperarlo, recordarlo y valorarlo es el objetivo de este proyecto de La Cultura del Agua en Valmojado.

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